Dolor y Gloria

                                                                   


                                                                         Dolor y Gloria

La heroína fue inventada por Bayer en la primera mitad del siglo XX para contrarrestar los efectos adictivos de la cocaína; de ahí su nombre. Ambas drogas eran legales en aquella época, así que podeis imaginar su grado de pureza.

En la década de los 80 Rafa murió del jaco. La última vez que volvió al barrio pasó por la tienda y compró no sé qué tontería que le pareció muy barata; mi padre y yo, sin necesidad de mirarnos comprendimos lo perdido que estaba.

El barrio de Campamento en aquellos años era un lugar inhóspito y monocolor en el que algun@s jóvenes habían encontrado el sentido de su existencia en el caballo.

El barrio tenía el parque del Gran Teatro, que había sido el cine de mi infancia algunos fines de semana de programa doble. Éste parque era el lugar donde habitaban l@s yonkis, hasta que poco a poco fueron desapareciendo, como sombras en la niebla.

El barrio tenía además, dos farmacias, la carnicería de Enrique, la pescadería, la pollería de Maruja, el bar Los Manchegos y la tienda de ultramarinos de mi padre. A la tienda venían, echándole valor, a comprar un limón y yogurt líquido.

Si había Trabajador Social o plan de rehabilitación o de atención sanitaria eran claramente insuficientes.

 Tod@s sabíamos quien pasaba, pero “chivato mamón paga”, eso forma parte de nuestro curriculum oculto.

No sé por qué, he visto “Dolor y Gloria” de Pedro Almodóvar, y las imágenes de aquella época se me han aparecido: la memoria elige lo que olvida.

Recuerdo cuando fuimos al Palafox a ver “La ley del deseo”; a los tres minutos de proyección un hombre se levantó de su butaca airadamente al grito de “¡Maricones, maricones!”. Supongo que fue el germen de ése nuevo partido político V.E.R.D.E. y que las medidas correctivas están aún un poco desacompasadas.

A lo largo de mi vida he probado muchas drogas, la mayoría de ellas; pero nunca la heroína; llámalo X, llámalo Y, llámalo empatía, mejor todavía.


Cada quién elige la forma de morir, no así la de vivir.





Fotografía: La Caleta, Xàbia.




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